
La plaza central de Nowa Huta, en Cracovia, que conecta las cinco avenidas principales de este barrio surgido durante la era Stalin bajo los preceptos de la arquitectura soviética, recibe hoy el nombre de uno de los más fieros enemigos de la URSS, como fue el expresidente estadounidense Ronald Reagan.
En uno de los locales situado en la planta baja de uno de los diversos y calcados bloques de apartamentos que se asientan en esta plaza se ubica hoy una tienda de la multinacional de telefonía móvil Orange. "Hemos pasado de un sistema político en el que no éramos libres por la falta de democracia a otro en el que tampoco lo somos por la cantidad de mensajes que nos lanzan todas las empresas que se han asentado en el país, que nos piden que consumamos sus productos como única forma de mantener el sistema", reconoce uno de los doce guías turísticos de "Crazy Guides".
Apodado "E-Ha", explica esto sentado en una mesa del más antiguo restaurante de la barriada, situado en una esquina de la avenida principal, con un interior al estilo soviético "en el que destaca el rojo, entre todos los colores", y el cual está regentado por una camarera que adopta una actitud "malhumorada" al estilo de la rudeza que, según este guía, quisieron hacer imprescindible entre los tenderos de este espacio los gobernantes de la época.
A pocos metros del establecimiento, una estatua dorada de Prometeo se alza sobre el espacio en el que hasta la salida de Polonia de la URSS se encontraba otra, gigantesca, con la efigie de Lenin. Sostiene el guía que esta última fue elaborada con el dinero correspondiente a la paga de diciembre de los habitantes del barrio, por lo que siempre fue mirada con recelo e incluso agredida por estos. "Intentaron derribarla colocando dos bombas entre sus piernas, pero no sólo no lo consiguieron, sino que la explosión rompió los cristales de todas las ventanas de alrededor", relata.
Con la caída de la URSS también desapareció de Nowa Huta la estatua, que según este guía turístico, hoy es propiedad de un multimillonario nórdico que la exhibe adornada con un sombrero vaquero en un jardín.
La fábrica de acero que daba trabajo a la mayoría de los habitantes de este barrio -la más importante de Polonia y una de las grandes del mundo-, alimento de la carrera armamentística soviética y también bautizada con el nombre de Vladimir Lenin, hoy es propiedad de un grupo empresarial indio, mientras que los "cuarteles generales" de la burocracia de esta ciudad que pretendía servir de modelo para el resto de Cracovia hoy acogen la sede del Banco de Polonia y del Deutsche Bank.
Al otro lado de la imagen, tomada en el seno de la superpotencia sobreviviente tras la Guerra Fría y en plena capital del capitalismo, Nueva York, se ve una pegatina de uno de los padres del socialismo, Carlos Marx, puesta en una farola, y que quizá sea más una extravagancia de la cultura "pop" que un símbolo ideológico.
Y lo hace en el Soho, barrio donde los excesos de la sociedad de consumo se manifiestan en forma de productos sobrevalorados con elevados precios que se justifican con la excusa de las "modas", y que son adquiridos por parte de individuos que con ellos pretenden distinguirse en un entorno de salvaje competencia con sus vecinos.